Medio millar de robles y abedules ya crecen en La Arquera

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Será un legado muy especial. Los 45 voluntarios que hoy acudieron a La Arquera (Llanes) a poner las semillas de un bosque autóctono, probablemente no vean el paisaje que han creado, pero sí lo podrán hacer las futuras generaciones, que disfrutarán de un entorno lleno de robles y abedules que han sido plantados para recuperar la esencia de la tierra asturiana.

Todo comenzó cuando la familia Álvarez, propietaria del terreno de algo más de una hectárea, se puso en contacto con la Fundación Lurgaia, una entidad vasca que se dedica, entre otros proyectos, a «revertir la situación» de espacios que un día fueron bosques autóctonos y, más adelante, fueron reemplazados para su aprovechamiento forestal con el sembrado de otras especies más rentables. «En toda la franja cantábrica se ha perdido muchísimo bosque natural porque se ha sustituido por plantaciones invasoras» como es el caso de los eucaliptos que llenaban el terreno que hoy ha sido repoblado. Lo explicaba Javi Franco, uno de los patronos de la Fundación que ha acudido a Llanes para formar parte del equipo que recuperará el bosque.

El proyecto se diseñó con rapidez. La familia Álvarez puso el terreno -y la espicha que cerró hoy la jornada de plantación-; el Ayuntamiento de Llanes, a través de la Concejalía de Agroganadería, cedió una sala de la Casa de Cultura -donde una hora antes de iniciar la sesión práctica, hubo una clase teórica para explicar la esencia de la Fundación y del propio proyecto-; y un vivero de Grado ha aportado las 510 plantas que hoy ya están en la tierra de La Arquera. Así, con una cadena perfectamente engrasada, se inició la recuperación de uno de los espacios que dan la bienvenida a la Villa de Llanes. Ahora habrá que hacer un seguimiento, cubrir con plásticos las nuevas plantas para evitar que sean devoradas por herbívoros, y volver a cuidar que los eucaliptos, que se regeneran, no vuelvan a crecer. Pero, por el momento, las tareas de la jornada de hoy, se centraron únicamente en la plantación y retirada de algunos invasores que aún quedaban en la zona.

Actividad en familia

La llamada a los voluntarios fue un éxito. Reyes López acudió con su hijo Fer Álvarez, de 9 años, a formar parte de «esta experiencia tan positiva» tanto para adultos como para pequeños. «Algún día vendré a ver el bosque», decía Fer, que sueña con «vivir en una granja y comer los productos que cultive». Leo Pascual, de 6 años, quiere ser astronauta, pero la iniciativa le ha gustado igualmente, «desplanté un eucalipto para plantar un roble», explicaba aplastando el terreno que acababa de cavar. Acudió desde Oviedo con su familia, su madre Natalia Alonso, su padre David Pascual, y su hermana, Esther Pascual, de tres años, que sujetaba con cuidado un abedul que casi la superaba en estatura. No eran los únicos niños, porque despertar conciencias medioambientales puede ser un modo de educar y las actividades como esta, en familia, ayudan a alimentar esa proyección.

Diana y Sara Jakel llegaron desde Ribadesella porque para la primera «la costa asturiana da pena, e iniciativas de este tipo fomentan la recuperación de algo tan nuestro como son los bosques cantábricos». El hecho de que «surja de una familia es algo que me parece maravilloso» y que podría extenderse por la zona. Es, apuntaba la segunda, «algo realmente necesario, entretenido y muy importante» para Asturias.

Un parque para jugar

En esa misma línea se expresaban Maite Ibáñez, de Llanes, y Silvia Carrión, de Porrúa. «Es algo estupendo que, además, ayudará a crear un paisaje propio», como el que ya existía en la zona. Al menos así lo narraba María Jesús Álvarez Rubiera: «Cuando yo era niña veníamos a jugar aquí, esto estaba lleno de robles y abedules, de castaños y de acebos, había muchísimos, y nosotros utilizábamos esta zona para jugar, como si fuera nuestro parque». Por aquel entonces, cuenta, «éramos los únicos críos de La Arquera» y ellos poblaban aquel espacio cuidado hasta el máximo detalle. Por eso, porque esta iniciativa «que puso en marcha mi sobrina» retrotrae a Álvarez a su infancia, le parece «una experiencia estupenda» que recuperará el esplendor de este bosque que con tanta magia cuentan los ojos de María Jesús.

Es la primera vez que Lurgaia actúa en el Principado de Asturias y «desde del primer momento la experiencia fue muy buena» porque «el contacto con la familia Álvarez resultó muy positivo». Hoy «ver a la gente trabajar y participar es una gozada» y ha completado el círculo que se inició hace algunos meses. El fin último es «que la gente se lo pase bien sabiendo que lo que hacemos tiene mucho sentido», comentaba Franco. Y ahora, el objetivo está en despertar conciencias y continuar con iniciativas de este tipo porque en Llanes, igual que en la franja de la comarca oriental, «hay muchísimo terreno que se podría reforestar». La Fundación se ofrece a liderar este tipo e iniciativas. Les avalan casi 15 años de trayectoria, la custodia de 225 hectáreas en el País Vasco y la plantación de alrededor de 70.000 plantas de muchas especies, todas autóctonas, que han recuperado la esencia del territorio donde están creciendo.

 

 

 

 

 

 

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