La lucha por «una vida sin cáncer medular de tiroides»

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Isabel Gutiérrez Abascal nació hace 31 años en la localidad cántabra de Unquera, aunque es vecina del pueblo asturiano de Colombres, en Ribadedeva. Es, ante todo, una mujer fuerte, madre de una niña de dos años, por la que está dispuesta a luchar, tanto o más que por sí misma. Isabel ha tenido que ser operada, hasta en dos ocasiones, para erradicar un cáncer medular de tiroides que no sabe si volverá a reproducirse, ni si su estado actual permitirá llevar una vida normal. No lo sabe porque «no hay información» al respecto porque el suyo es considerado un cáncer raro, y apenas existen datos e historias públicas que le hagan sentirse arropada, apoyada o conocedora de cómo será su futura calidad de vida, siempre susceptible de mejorar, o empeorar.  «Quiero hacer dos cosas, que la gente conozca la enfermedad, que es poco común; y que los pacientes que hayan pasado por la misma nos unamos, que nos contemos, que nos pongamos en contacto» para crear una red donde poder compartir y, sobre todo, avanzar y generar apoyos, tan importantes cuando algo como un cáncer, y además, raro, llega a tu vida para darle un giro de 180 grados a todo. Hasta el momento, ella sólo ha podido apoyarse, y recoger referencias sobre su caso, en la Asociación española cáncer de tiroides (AECAT), y quiere que el círculo de apoyos sea mayor.

Isabel acaba de iniciar una recogida de firmas para «pedir al Ministerio de Sanidad que se estudie esta enfermedad, no podemos estar pendientes de pruebas constantes, deben investigar si existe la forma, el tratamiento, para erradicar la enfermedad, encontrar la fórmula de que todos los afectados vuelvan a tener el marcador a cero».

El marcador al que se refiere mide los niveles de calcitonina, una hormona elaborada por las células C de la glándula tiroidea que ayuda a mantener una concentración saludable de calcio en la sangre. Cuando la concentración de calcio es demasiado alta, la calcitonina la baja. Isabel comenzó su enfermedad con el marcador en 408, y ahora ha bajado a 20. El objetivo es, llegar al cero, donde debe estar.

Su caso comenzó en diciembre del año 2015. Se sentía cansada y acudió a su médico de cabecera, al centro de salud, para hacerse una analítica. «Suponía que sería una anemia», pero no fue así. A principios del mes de febrero de 2016, mientras tenía a su hija en brazos ésta le dio un golpe en el cuello, y el dolor fue tal que decidió acudir al médico de nuevo. Al tocarse para apaciguar el golpe había notado «una especie de bulto, como una canica o una avellana». El 3 de mayo se hizo la primera ecografía, la primera de muchas. Luego llegaron las punciones. Y más tarde los diagnósticos que, al principio, no eran claros.

Finalmente «me operaron del cuello, me quitaron la glándula tiroides», resume, «había un nódulo y cuatro ganglios linfáticos que ya eran metástasis». Por entonces, todo hacía pensar que el suyo era «un cancer papilar común» y pautaron un tratamiento propio para esa enfermedad. Sin embargo, en el mes de julio, con los resultados de Anatomía Patológica en la mano, se supo que lo suyo era un cáncer medular de tiroides. La radioterapia y la quimioterapia no funcionan para este tipo de cáncer, con lo que el tratamiento debía variar. Isabel estuvo aislada durante la primera semana de agosto en su casa, suministrándose yodo radioactivo y sometiéndose a una dieta muy estricta.

Pero en el mes de septiembre tuvo que empezar de cero, de nuevo. Las pruebas, las ecografías, los análisis… «Estaba muy cansada y apenas podía caminar». Y en noviembre decidieron volver a operar «porque había otro foco», concretamente, «17 ganglios y otros cuatro con metástasis» fue lo que le extirparon en la segunda operación.

Su vida volvió, poco a poco, a la normalidad, aunque «todavía tengo poca movilidad en un brazo» en el que, a veces, siente dolor. Sin embargo, «ya puedo salir a caminar y espero incorporarme a trabajar» en cuanto su médico así se lo recomiende. No obstante, Isabel se lamenta, «no sé cómo va a ser, no sé si podré estar ocho horas trabajando, si me cansaré» o si podrá compaginar una vida normal con visitas constantes a consultas médicas para somterse a continuas pruebas, «porque me cansaré de ir al hospital», donde nadie quiere hablar de curación porque «uno nunca sabe si puede volver a reproducirse» o si puede erradicarse. De momento, tiene una medicación «de por vida».

Y «¿cómo es esa vida después de este cáncer?», se pregunta Isabel que aún con todo está contenta porque su hija no es portadora de esta enfermedad que puede ser genética («y tus hijos pueden tienen el 50% de posibilidades de contraerla») o esporádica («que la desarrollas tú a lo largo de tu vida»).

Su objetivo es unir experiencias y que se hable del cáncer medular de tiroides. Que los enfermos encuentren entre ellos mismos grupos de apoyo. Y que la investigación no cese para que la vida, sea como recoge la Constitución Española, «digna».

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