Pimiango vitorea a Carlos V a su paso por Ribadedeva

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Llegó a lomos de un caballo. Acompañado de un séquito de más de doscientas personas. Exhausto tras varias jornadas de travesía por el mar. Era principios del siglo XVI y Carlos V, junto con su hermana Leonor, arribaba a las costas asturianas para emprender un viaje en el que conocer las tierras que le pertenecían por España. En aquella expedición, desembarcó en Tazones «tras perder muchos barcos y caballos» en un viaje que le conducía a Llanes y, más tarde, a Ribadedeva. En ese municipio, antes de llegar a San Vicente de la Barquera, detuvo su paso en Pimiango, una localidad que encandiló a la familia real y en la que decidió detenerse.

El séquito hizo su entrada ayer en el pueblo ribadedense, rememorando aquel 28 de septiembre de 1517. Allí llegaban Carlos V (Marcos Laso) a lomos de un caballo (de Manuel Roiz) y la princesa Leonor (Esther Laso) flanqueados por cientos de plebeyos que acudieron para recibirles y vitorearles. ¡Viva el Rey!, gritaron cuando éste y su séquito de cortesanos, soldados y miembros del clero hicieron entrada en la noble y «humilde Casa Fuerte de Colombres».

El alcalde del lugar, Jesús Bordás (regidor de Ribadedeva) agradeció en un discurso la visita «tan ilustre» de «una persona de tan alta cuna» a la Villa «humilde, ganadera, artesana» de Pimiango, cuyas gentes se confesaron «leales a la Corona».

El relevo en la oratoria lo cogió el futuro Rey, quien, exhausto y con un «castellano poco fluido» marcado por un pronunciado acento francés, agradeció la bienvenida tras narrar el periplo por los mares bravos del Norte.

Tras las palabras los bailes cortesanos tomaron protagonismo. El grupo avilesino Sabugo ¡Tente Firme! que dirige Alberto Herrera escenificó una danza inédita, basada en los textos del cronista de Carlos V, Laurent Vital, que han titulado La Pavana de Ribadedeva. La música a tan noble baile la puso la orquesta Boccheroni. La Muliñeira de Eilao, al son de la gaita, fue el último baile en la Casa Fuerte.

El grupo de tambores y cornetas de San Vicente de la Barquera abrieron de nuevo el cortejo que dirigió al elegante séquito hasta la plaza de Las Encinas, donde decenas de vecinos agasajaron a Carlos V y doña Leonor con productos de la tierra. Pello y sus padres ofrecieron miel; Sofía, Esther y Miguel, frutas de su huerto; Adane, Asun y Carolina, rosquillas hechas por esta última; Paula, Marina y Celia, un dulce bizcocho de manzana y empanada; Celia y Marlene, hortalizas cosechadas en sus tierras; Valentina, Manuela y María, llevaron flores a la princesa; Julia y Pilar, llegaron con piñones y limones; y Noelia, lagartera mayor del lugar, escanció sidra, fruto de las manzanas de su pumarada.

Más bailes y más danzas y las visitas continuaron para que el Rey fuera recibido en su casa por la mujer de más edad de Pimiango. Ángeles García, de 105 años, quien lo recibió en su morada con idénticos agasajos que el resto de vecinos.

Un baile cortesano, un saludo noble, y bailes tradicionales, cerraron la jornada en la plaza circular del pueblo, donde cientos de personas visitaban para esas horas un mercado tradicional, mientras debutaban costillas y dulces tradicionales, antes de iniciar la cena con la que los monarcas fueron despedidos a su paso por el pueblo de Pimiango.

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