«La Casa de Cultura de Nueva de Llanes»

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Una breve introducción para el artículo:

Aunque nací en Oviedo, y vivo desde hace 12 años en el País Vasco, mi relación con el Valle de San Jorge –desde el río Guadamía hasta el río Bedón– es muy estrecha… tan estrecha como que me viene por ambos lados: el paterno y el materno.

Mi madre nació en Nueva de Llanes, y con 19 años se fue a vivir a Oviedo. En mi caso tuve mucha relación con el pueblo de Nueva en diferentes épocas hasta que me alejé al irme a vivir al País Vasco. En edad infantil y adolescente no faltaba a ninguna fiesta, ni a San Juanón, ni a la Blanca, ni al Cristo. Y, posteriormente, a los 29 o 30 años tuve otra etapa de año y medio que estaba por alli prácticamente todos los fines de semana.

Mi padre nació en Villahormes, pero desde los 4 años de edad se crió en Hontoria de Llanes hasta los 24 años que se fue a vivir a Oviedo con mi madre, recién casados. Hontoria es el pueblo del Valle de San Jorge donde más tiempo pasé de mi infancia; muchos fines de semana del año, los veranos –muchos de ellos estaba allí tres meses seguidos–, Semana Santa, etcétera.

Con el tiempo me fui alejando del Valle de San Jorge al irme a vivir al País Vasco, y al tener una segunda vivienda en el Oriente de Asturias, pero alejada de ese Valle y que me ha llevado a vivir mis periodos vacacionales en otro entorno muy diferente.

Una breve descripción del escenario:

Nueva de Llanes es un pueblo con un moderno sentido rural que deja una agradable imagen en la retina de los visitantes hasta tal punto de que en el País Vasco, grandes amantes de la zona oriental de Asturias, tienen a ese pueblo en alta cotización, casi equivalente a lo que se cotiza una vivienda en la mismísima Villa de Llanes. Y, en algunos casos, Nueva combina lo rural con lo moderno con gran elegancia, como se puede apreciar en el edificio que alberga a La Casa de Cultura; si no recuerdo mal, aquel edificio ganó el X Premio Asturias de Arquitectura en el año 1993.

«Aprovechando de que el Pisuerga pasa por Valladolid», precisamente, y hace tan solo unos pocos días, hice una breve visita a La Casa de Cultura de Nueva; allí estaba Estrella, siempre recibiendo a la gente –conozca o no conozca– con ese carácter tan afable digno de los mejores halagos del visitante. Estrella, bajo mi opinión, lleva gestionando la Casa de Cultura de forma sobresaliente prácticamente los mismos años que tiene de vida el edificio –nacido al público en la primavera de 1993–, gestionando todo aquello que alberga el centro en su interior.

El objeto central del artículo:

El día que visité la Casa de Cultura, un miércoles de octubre de noche muy cerca de la hora de cierre del centro, estuve en la planta superior… en la biblioteca que nunca había pisado hasta la fecha. Y acceder a aquella biblioteca para terminar por ver allí un buen surtido de obras en papel para todas las edades, desde una colección completa de Mortadelo y Filemón hasta las obras cumbre de la literatura, me trajo recuerdos de cuando era un niño e iba a la desaparecida –hace muchos años– Biblioteca Infantil de Oviedo sita en la calle San Vicente, asistiendo al préstamo de diferentes números de Mortadelo y Filemón o de Asterix y Obelix… y también el recuerdo, con más edad, de la sensación especial que otorga leer en papel Crimen y Castigo del magnífico Fiódor Dostoyevski, La Odisea de Homero en prosa, El Decamerón de Giovanni Boccaccio, la obra 1984 de George Orwell, u otras obras cumbre de la literatura de origen asturiano como La Regenta de Leopoldo Alas «Clarin», o El Cuarto Poder de Armando Palacio Valdés, sin dejar de lado obras tan modernas como la sensacional biografía oficial de Steve Jobs escrita por el magnífico y afamado Walter Isaacson.

Me resultó curioso ver como Estrella tenía en la biblioteca una especie de «podium» donde situa las últimas y destacadas novedades en papel, y donde pude visualizar unas cuántas de esas obras reciente salida al mercado literario que quiero leer y que no encuentro el hueco para ello. Recuerdo haber dicho a Estrella: «¡Vaya biblioteca más acogedora para el Valle de San Jorge!». Y, ciertamente, ver aquella sala me trajo muchos y gratos recuerdos del pasado.

¿Por qué hablo de esto cuando siempre trato temas de tecnología en este diario digital? Sí, soy un «tecnócrata», pero tengo conciencia de que toda la tecnología que usamos en la actualidad no es más que una evolución de lo que había antes… y el papel… ¡qué importante es el papel!

Por eso, y aun siendo «tecnócrata», reconozco que el daño colateral que provoca la tecnología es precisamente el «olvido» y el abandono de antiguas formas de cultura como son la lectura en papel y el acceso a las bibliotecas clásicas, sobre todo en las edades infantiles y juveniles que viven «colgadas» de las maquinitas. Ciertamente el saber no ocupa lugar, pero sí ocupa tiempo, y todos tenemos 24 inamovibles horas al día, pero siempre será útil sacar un poco de tiempo para volver al papel. No todo son ceros y unos, y nunca debiéramos olvidar este tipo de centros culturales, como es la Casa de Cultura de Nueva de Llanes, donde todavía se puede dejar a un lado  –temporalmente– la tecnología para oler el aroma que emana de la vieja celulosa.

Finalizo este artículo dando mi enhorabuena a la Casa de Cultura de Nueva de Llanes por su labor destinada al fomento de un gran número de eventos y actividades que promueve cada año, así como la enhorabuena a Estrella por su encomiable labor y magnífica gestión del centro cultural.

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