El loco de mi colina

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Las batallitas del abuelo

Conocimos a un tipo que era profesor en la Facultad de Económicas de Deusto, y entre nosotros le decíamos unas veces «El loco de la colina » y otras El Mesías de Deusto.

«El Mesías» de la Facultad de Económicas de Deusto utilizaba para sus clases a Von Hayes y a Keynes, y los comparaba con los ojos de un Gran Baranda tuerto. Al de Keynes lo estimaba vigilante y al de Von Hayes vacío.

En oscuro revoltijo, divagaba sobre ambas doctrinas dando como resultado un galimatías imcomprensible.

–Lo nefasto del sistema comunista –nos decía- no es la excesiva intervención del Estado en la economía de los países, sino en cómo la han aplicado.

Y le tomaba una hora interminable explicarnos las bondades que Karl Marx dejó escritas en el Manifiesto Comunista, con una exposición tan embarullada que evitaré extenderme sobre ella.

–Por el contrario –proseguía- la Economía de Libre Mercado descuida la necesidad de la permanencia de valores sociales básicos. Como la enseñanza, la sanidad, la seguridad de los individuos…

– En la Economía de Libre Mercado, aquél que dispone de más capital puede pagar una mejor educación para sus hijos, o adquirir los servicios del guarda-espaldas más fornido. Mientras que los débiles economicamente, son los más desvalidos.

Ponía un ejemplo : –En una urbanización un agente policial sostenido por el Estado puede hacer vigilancia de numerosas viviendas; mientras que el guardián privado contratado por el propietario de un solo domicilio, se ocupará solamente del trabajo por el que es remunerado y no impedirá que el del vecino sea desvalijado.

Estaba embalado.

–La distribución de la renta que genera este sistema es injusta; pues no puede ni quiere evitar la pobreza. Por el contrario permite la acumulación de muchas riquezas en pocas manos. Lo que acarrea el control de la política y de las instituciones, con el consiguiente deterioro de las democracias.

Según él, a Friedrich Von Hayes, defensor a ultranza del sistema de Economía de Libre Mercado, en lugar de otorgarle el premio Novel de economía, debían haberle condenado a pudrirse en las profundidades del Infierno de Dante.

Estaba de acuerdo con Keynes. Proclive a la intervención del Estado en medidas gubernamentales con las que equilibrar los elementos económicos (consumo, salarios, producción, inversión, empleo, moneda, intereses, plusvalías) – Tan interrelacionados que cualquier desequilibrio de alguno de ellos repercutiría inexorablemente en todos los demás. Keynes se merecía como premio, ocupar un lugar a la diestra del todopoderoso Zeus y tener a su disposición todas las ninfas del Olimpo.

Concedamos que en ciertos aspectos aquel loco tenía una pizca de razón…

Eladio Muñiz

Dibujo de Inna Shumakova

2 Comentarios

  1. Eladio, interesantes pinceladas. Me alegro de que sigas al pie del cañón. Un abrazo

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