Varamientos

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Orca autovarándose en la playa para cazar focas.

Poco, casi nada, o nada, se sabe acerca del porque se producen algunas veces, más de las deseadas, varamientos (encallamientos) de cetáceos en las costas o en las playas de todas las Mares, y aunque hay varias teorías, todas ella muy lógicas en sus explicaciones, creo que no dejan de tener bastantes lagunas entre ellas.

Ante todo, hay que decir que hay una teoría que defiende esta acción como el suicidio de estos mamíferos marinos, pero ciertamente parece que no está constatada por los especialistas del tema.

Ante estos varamientos, no existe una sola respuesta, ya que puede haber diferentes causas para que ballenas y delfines encallen en las playas, ya sea vivos o muertos.

En el caso de los vivos, puede involucrar a animales que por despiste (ya veremos algunas), quedan encallados hasta que la siguiente pleamar les permita regresar a aguas profundas. Pero no es siempre así ya que pueden morir en la playa antes de lograrlo, ya sea por deshidratación (su piel a de permanecer siempre húmeda), o porque, su propio peso puede doblar las costillas hacia el interior, hasta que, como verdaderas navajas se claven en alguno de sus órganos vitales, como pueden ser los pulmones.

En cuanto a los miles de cetáceos que mueren cada año, la mayoría de los cadáveres nunca llegan a la costa y solo unos cuantos son encontrados varados, ya que lo más probable es que sus cadáveres floten en la superficie del agua, y si no son devorados antes, pueden ser arrojados a la costa por la acción de los vientos y corrientes, eso si no se descomponen lo suficiente como para hundirse hasta el fondo del océano, donde entran a formar parte de una especializada cadena alimenticia.

Ballena varada

Por otra parte, la clasificación de los varamientos, de acuerdo con ciertas características, permite estudiar y comprender que las causas de estos eventos, dentro de los naturales pueden ser:

Intencionales. Los animales nadan activamente hacia la costa, como por ejemplo las orcas cuando varan en la playa para cazar y así alimentarse de focas, lobos, o elefantes marinos.

Encontrar un cetáceo único varado a menudo es, casi siempre, el resultado de una enfermedad o lesión, que casi inevitablemente terminan en la muerte del animal.

Accidentales. Cuando se produce por desorientación de los cetáceos u otros eventos fortuitos, como por ejemplo los causados por adversas condiciones meteorológicas excepcionales como las mareas extraordinarias, tormentas y tempestades que duran varios días, huracanes, terremotos, o erupciones volcánicas submarinas.

Se tiene la teoría de que también en playas de pendiente inferior a 0’5º, los varamientos podrían deberse a la dificultad para «ver» dicha la pendiente, el sistema de ecolocalización de los delfines.

Delfin con mascarilla

También podemos incluir entre las accidentales naturales la aparición de diversas enfermedades, como se sabe es la producida por ciertas “epizootias” (enfermedades que reinan transitorias en una zona atacando simultáneamente a una gran cantidad de individuos), que han causado importantes varamientos, como por ejemplo el “Morbillivirus”, un potente virus que afecta a los mamíferos marinos provocando una enfermedad contagiosa en marsopas, ballenas y delfines, como la que afectó a los delfines listados del Mediterráneo entre los años 1990 y 2000.

Y ahora una cosa … ¿Sabíais que los delfines usan mascarillas?

Pues sí amigos, los delfines usan mascarillas para proteger su nariz, por supuesto no como las que usamos nosotros (los delfines no tienen orejas), sino que usan esponjas de mar, aparentemente para proteger su nariz de crustáceos, piedras y rocas afiladas cuando buscan alimento en los fondos. Para ello las sujetan con la boca, pero de forma que al nadar o moverse parte de la esponja de ella al nadar y cubra las vías nasales y proteja la delicada capa de moco que en los delfines puede jugar un papel vital en su ecolocalización

El incremento de casos de varamiento debido a enfermedades vinculadas con la actividad humana sigue aumentando de forma preocupante en los últimos años, siendo un claro indicador de la gran presión y alarmante aumento de la contaminación generada por la nefasta incidencia de la actividad de nuestra especie.

Victima de un abordaje, esta ballena tiene la aleta caudal seccionada.

Dentro de toda esta situación, tiene una, como el gran motivo de la enfermedad y muerte de cetáceos, son los crecientes niveles de contaminación de las zonas costeras y los océanos, tanto por vertidos de sustancias tóxicas procedentes de varias industrias, transporte de mercancías por mar, fugas de petróleo, acumulación de plásticos y las terribles “redes fantasmas” (la basura más letal de los mares), que son redes de pesca que han sido perdidas o abandonadas por pescadores, y que, casi invisibles a la luz del día, pueden enredarse en arrecifes, rompiendo los corales, o flotar a la deriva en mar abierto donde se pueden enredar peces, delfines, tortugas marinas, tiburones, dugongos (los más pequeños de los sirénidos y en peligro de extinción), cocodrilos, aves marinas, cangrejos y otras criaturas, incluidos ocasionales buzos humanos.

En el caso de los cetáceos, los enmallamientos en estas redes, como en otras artes de pesca, les impiden salir a respirar, terminando algunos por ahogarse, y los que logran escapar, lo hacen con tales heridas y mutilaciones que eventualmente les causan la muerte.

Colisiones con embarcaciones o grandes buques, que aparte de los traumas debidos al impacto, pueden producirles enormes cortaduras, o terroríficas amputaciones, cuando son alcanzadas por las hélices de los mismos

Los fuertes sonidos de algunos trabajos marinos pueden interferir con el sistema de ecolocalización de las ballenas desorientándolas y causándoles pérdidas graves de oído, como es el caso de ciertos ejercicios militares, de sondeos y exploraciones petroleras utilizando cañones sónicos, y de otra índole, como algunos tipos de sonar.

Señales de una hélice sobre un cetaceo

Se tienen pruebas de que el sonar puede provocar varamientos. En algunos casos estos se han producido justo después del uso de sonares militares en la zona, como cuando 17 “calderones del Sur” o “zifios” (del griego “xiphos”, espada, y por ello, literalmente zifio significa “ballena con nariz de espada”, encallaron en las Bahamas en marzo de 2000, después de unos ejercicios con sonar de la Armada estadounidense, cuyos fuertes y bruscos cambios de presión provocaron hemorragias en sus oídos que causaron su desorientación y varamiento.

En muchos casos estos animales morirán en alta mar, pero algunos llegarán a morir a las costas.

Para acabar, contaros lo siguiente.

Creo recordar, que fue allá por el año 1960, estando una tranquila tarde de verano echando la “paila” después de comer, me avisan de que había aparecido varado y muerto un cachalote en la playa de la Ballota. Movido por la curiosidad, marché para allí acompañado de dos amigos franceses, Luis Paul y Jean Pierre, que estaban pasando unos días en casa.

Cetaceo varado en la playa de San Antolín

Algún día os contaré esa historia, que casi me cuesta que mi madre, Teresina, me echara de casa. Menos mal que mis tías Aurora y María Luisa salieron al quite, que si no…

Pero sigamos. Una vez allí, todo aquello no era más una podre capa de piel cubriendo un verdadero montón de carne y grasa en descomposición, hasta tal punto que ni se le acercaban las gaviotas, comprobando al mismo tiempo que la mandíbula inferior estaba rota y sin dientes.

Costilla y vértebra de un cachalote que llegó a morir a la playa de Ballota, y que junto con otras que tengo en casa, las trajimos a hombros desde la Playa. (Circa 1970)

Recogí unos huesos, pero al cortar con el machete de pesca que llevaba, los que creo eran los cartílagos que unían las vértebras, salió una sustancia pastosa de color amarillento y con tal grado de fetidez, que me costó muchísimo, y no soy nada “repunante”, contener las vascas y no echar allí mismo hasta la “rascadina” de las tripas.,

Al final y a “puru llombu”, nos llevamos dos costillas, unas especies de paletillas, y tres vértebras. Estuvieron dos años a la intemperie tiradas en la huerta, hasta que el sol y la lluvia, y algún que otro animalín las dejaron blancas y limpias como patenas.

Todavía andan por casa.

Buena Mar y hasta la vista.

Fernando Suárez Cué

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