El chucho

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Chucho

Dentro de los que denominamos “pez raya”, uno de los que más abunda en nuestra costa es la “pastinaca” (“Dasyatis pastinaca”), y a la que nosotros denominamos “chucho”.

Es este un pez cartilaginoso con forma de disco y completamente aplanado dorsiventral no tiene aletas, su piel es lisa y sin espinas y adaptado al modo de vida béntico, esto es, sobre las superficies del fondo marino.

Chucho semienterrado

Vive en aguas costeras de poca profundidad, a unos 60 m. sobre fondos arenosos o de fango, en los que se descansa entierrándose bajo la arena, y estando especialmente preparado para la caza de crustáceos, peces, cefalópodos, bivalvos, mariscos y gusanos marinos de los cuales se alimenta. Cuenta para ello, con una poderosa boca armada de pequeños dientes con forma de rombo, parecidos a los de los tiburones, montados sobre unas mandíbulas fuertes diseñada para romper y aplastar, que está compuesta por 5 papilas, 2 pequeñas a los lados del piso de la boca y 3 más fuertes en el centro de la misma Estos animales suelen permanecer quietos, ocultos por la arena, con sus ojos ubicados en la parte superior del cuerpo, cerca de los espiráculos con los que aspira el agua, siendo capaces de respirar incluso bajo la arena, a través de sus cinco pares de branquias ventrales.

El color es gris verdoso tirando a marrón en el dorso, mientras que en la parte frontal es blanco amarillento con los bordes oscuros. El cuerpo mide más de 250 cm de largo y 140 cm de ancho, poseyendo una fina cola que es 1,5 veces más larga que la longitud del cuerpo, lo que le ayuda a desplazarse ágilmente.

Al chucho, nunca lo molestes

Esta especie de raya es ovovivípara, es decir, el proceso de gestación lo pasa en el huevo dentro del cuerpo de la madre. El periodo de gestación del chucho dura aproximadamente 4 meses y normalmente nacen entre 4 y 7 crías.

Estos animales, cuando se sienten atacados (nosotros somos sus enemigos, somos los que invadimos su territorio), se defienden mediante una espina ubicada en la cola, que en forma de una verdadera tralla de látigo la colocan en posición de ataque, lanzándola rapidísimamente hacia atrás o hacia los lados para alcanzar el cuerpo de su enemigo e intentar herirlo con las afiladísimas púas que tiene en la base de la cola, púas que pueden llegar hasta cuatro en algunos de estos peces, aunque las más abundantes son las que tienen una sola espina en localización dorsal de dicha cola.

Cola con púas de un chucho sobresaliendo de la arena

Las lesiones producidas por este animal básicamente tienen 2 componentes. El primero es traumático, consistente en la propia herida producida por la espina y el segundo, de tipo químico, es el producido por el envenenamiento provocado por la toxina liberada en la herida.

La espina de la cola de estos animales está formada por una estructura cartilaginosa conocida como “vasodentina” y por células glandulares secretoras de veneno (en el caso de las rayas, este veneno se denomina “ponzoña”), ubicadas en dos hendiduras en la parte inferior y formando un estilete aserrado. Esta espina está cubierta por un epitelio que posee gran cantidad de células glandulares que producen esta ponzpña, y en el momento del ataque, se rompe la estructura que  recubre la púa, produciendo un desgarro más o menos profundo y con abundante sangrado liberándose el veneno que hay en su interior, produciendo inmediatamente un dolor muy intenso, seguido de eritema, edema, necrosis de la piel y manifestaciones sistémicas, como ansiedad, diaforesis, náuseas, vómitos, diarrea, calambres musculares, alteración del patrón respiratorio, hipotensión y si hay compromiso “cardiotóxico” el paciente puede presentar síncope y shock cardiogénico.

Púa de pastinaca

Las lesiones se deben tratar desde el mismo momento y lugar en que se producen, mediante lavado extenso del área afectada con agua limpia o solución estéril, y tratadas localmente con medidas generales como curas, antibióticos y analgésicos retirar la espina si está superficial, así como cualquier material que pudiera ser contaminante, aunque el tratamiento de estas lesiones aún es un tema controvertido

Existen múltiples tratamientos caseros que incluyen hígado de pescado, jugo de tabaco o de cactus, gasolina, vino y orina, y aunque otros sugieren sumergir el área lesionada en agua caliente de 30 a 90 minutos (ya que el veneno es termolábil, buscando disminuir el dolor y generar un efecto vasodilatador), ninguno de ellos ha demostrado que realmente prevengan la necrosis tisular. Lo inmediato, por lo tanto, es ponerse en manos de un profesional de la medicina.

La ponzoña de estos peces no se ha podido estudiar adecuadamente por varias razones. Primero por la ausencia de glándulas ponzoñosas que puedan ser ordeñadas como se hace con las serpientes. Segundo el veneno compuesto por muchas proteínas enzimáticas cardiotóxicas (al menos 18 componentes distintos), con efectos arritmogénicos (que producen o inducen a la arritmia), y depresores cardiacos es inestable y además es arriesgado obtenerlo. Lo que si produce es una gran reacción inflamatoria, atrayendo linfocitos y eosinófilos, pudiendo terminar todo este proceso en “necrosis tisular” o “necrosis cutánea” que consiste en la muerte celular de una porción del tejido. Cuando hay áreas extensas de “muerte tisular”, debido a la falta de suministro de sangre, y presentan infección bacteriana asociada y descomposición, se denomina “gangrena”.

La púa dentada de la pastinaca común es potencialmente peligrosa.

Las lesiones usualmente ocurren de manera accidental, siendo los pescadores, buzos, manipuladores de pescado, trabajadores de acuarios y aquellos que practican deportes marinos los más frecuentemente afectados. Las personas después de haber sufrido semejante “ataque”, deberían quedar en reposo y observación, al menos durante, 3 o 4 horas, para descartar compromiso sistémico y administrarle la vacuna antitetánica, si el esquema de esta no está completo.

Las extremidades inferiores suelen ser el área corporal más frecuentemente afectada por este tipo de picaduras, sobre todo a nivel de la región dorsal de pie, tobillos, región inferior de la pierna, y aunque con menos asiduidad, también las manos.

Rara vez se producen lesiones fatales, pero están descritos casos de lesiones torácicas penetrantes, cardiotoxicidad por el veneno y lesiones vasculares que pueden llevar al paciente a un shock hemorrágico o a la muerte, como fue el caso del australiano Steve Irvin, que murió cuando un pez raya le perforó el pecho con el aguijón de su cola.

Este conocido naturalista, actor y estrella de la televisión, estaba buceando cerca de Cairns, en Low Isles (costa Nororiental de Australia), cuando ocurrió el accidente. El aguijón de la raya se le clavó en el pecho y, al parecer, llegó hasta el corazón, por lo que murió casi en el acto, pese a que el veneno de las rayas no suele ser mortal para los humanos. Tenía 44 años.

Buena Mar y hasta la vista.

Fernando Suárez Cué

1 Comentario

  1. Un artículo muy interesante, mi padre es pescador y yo una fanática de buceo y recuerdo siempre cuando salíamos de pesca o simplemente a bucear, siempre darme un aviso del peligro de la espina de la pastinaca si no se está cerca de un hospital. Siempre me ha dicho que los animales no son peligrosos, son territoriales y no les gusta les invadan. Me ha encantado el texto, un saludo.

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